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Que este confinamiento no abra otras brechas de desigualdad

 Que este confinamiento no abra otras brechas de desigualdad

Al inicio de la pandemia, el Centro de Investigación y Acción social (CIAS) se vio en la necesidad de reflexionar sobre las nuevas dificultades, con la finalidad de crear algún proyecto cuya praxis contribuyera a la toma de conciencia en torno a esta realidad, y así, crear lazos de solidaridad entre unos y otros, empezando por quienes más lo necesitan.

El resultado fue la propuesta de las Redes Vecinales de Solidaridad (REVES), la cual fungió como un soporte entre vecinos de algunas colonias o comunidades. Ahora, con el segundo repunte de contagios, las REVES al igual que otras líneas de acción surgidas a raíz de la COVID, pueden llegar a sufrir un declive en el interés de las personas, las organizaciones y las instituciones al ceder a la monotonía y bajar la guardia. Habrá que hacer un esfuerzo, sacudir la indiferencia, y repensar la fortuna de quienes gozamos de un trabajo, o mayor aún, de quienes seguimos con vida. Probablemente la costumbre sesgó nuestra mirada y se nos olvidó que confinarse es una gran oportunidad, pues no todos la tienen.

El regreso al semáforo rojo en algunas ciudades y otras en vías, nos lleva nuevamente a la aborrecida y asfixiante idea de estar “encerrados” en casa, lo cual, ya nos es familiar, y por eso mismo para algunos podría perder toda significación de cuidado y prevención. Para algunos el confinamiento significa sólo salir en busca de suministros básicos, o si se lo permite la economía, hacer pedidos por internet. Para otros no pocos, el confinamiento nunca ha existido durante la pandemia y siguen en las mismas: bregando por la supervivencia. Hablo de quienes no les da tregua el virus ni la pobreza, y se ven obligados a seguir con su rutina en medio de la emergencia sanitaria; salir temprano de casa al despuntar el alba, caminar por las mismas calles, dejar sus hijos en casa, tomar el transporte público, trabajar por el mismo sueldo —si bien les va— y sucumbir a la incertidumbre, ya que, el confinamiento en estos casos, es igual a desempleo… para otros tantos, una consecuencia inminente.

Por ello, CIAS por la paz sigue perseverando en sus propuestas (REVES) y discerniendo, para redescubrir en medio de la desgracia la mejor forma de ayudar. Lo primordial es detenernos a observar la situación de los más vulnerables. Evidentemente ha nadie le ha ido bien, hemos tenido que habérnoslas con las deudas y hacer de malabares con menos. No obstante, podemos solidarizarnos de diversas maneras, una de ellas es la conciencia de sabernos afortunados quienes podemos confinarnos; de tener al menos productos básicos de salud, como el cubre bocas y gel antibacterial; de tener comida sobre nuestra mesa. Pero también, si nos es posible, ayudar económicamente, o con especie. Quizás haya algo que para nosotros sea poco, y para otros, sea mucho, si no, cuidándonos.

Al mencionar a los más pobres no busco echar culpas, o comparar para hacer menos las dificultades propias, ni presuponer maldad en los confinados, tampoco delegar responsabilidades a quienes no les corresponde, sino apelar a la hija de la inteligencia: la prudencia, para voltear a ver una realidad inexorablemente presente, a veces olvidada como ‘los olvidados’, y descubrir desde cada una de nuestros espacios la manera de aprovechar esta oportunidad como otro acto de solidaridad, porque a la postre, el confinamiento bajo el egoísmo y ensimismamiento, se convierte en una brecha más de desigualdad.


Por Javier Alejandro Isabeles

Colaborador del Área de Innovación del Centro de Investigación y Acción Social por la Paz.

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